Conceptos fundamentales de la quimica

CONCEPTOS FUNDAMENTALES


Los átomos son las partes más pequeñas de un elemento (como el carbono, el hierro o el oxígeno). Todos los átomos de un mismo elemento tienen la misma estructura electrónica (responsable esta de la gran mayoría de las características químicas), pudiendo diferir en la cantidad de neutrones (isótopos). Las moléculas son las partes más pequeñas de una sustancia (como el azúcar), y se componen de átomos enlazados entre sí. Si tienen carga eléctrica, tanto átomos como moléculas se llaman iones: cationes si son positivos, aniones si son negativos.

El mol se usa como contador de unidades, como la docena (12) o el millar (1000), y equivale a  . Se dice que 12 gramos de carbono o un gramo de hidrógeno o 56 gramos de hierro contienen aproximadamente un mol de átomos (la masa molar de un elemento está basada en la masa de un mol de dicho elemento). Se dice entonces que el mol es una unidad de cambio. El mol tiene relación directa con el número de Avogadro. El número de Avogadro fue estimado para el átomo de carbono por el Químico y Físico italiano Carlo Amedeo Avogadro Conde de Quarequa e di Cerreto. Este valor, expuesto anteriormente, equivale al número de partículas presentes en 1 mol de dicha sustancia. Veamos:
1 mol de glucosa equivale a  moléculas de glucosa
1 mol de Uranio equivale a  átomos de Uranio
Dentro de los átomos, podemos encontrar un núcleo atómico y uno o más electrones. Los electrones son muy importantes para las propiedades y las reacciones químicas. Dentro del núcleo se encuentran los neutrones y los protones. Los electrones se encuentran alrededor del núcleo. También se dice que es la unidad básica de la materia con características propias. Está formado por un núcleo donde se encuentran protones

LA QUIMICA COMO CIENCIA


En el campo de los avances de la tecnología se produce en Gran Bretaña la Revolución Industrial, que en un contexto socioeconómico favorable e impulsado decisivamente por la innovación de la máquina de vapor de Watt (1769) y el telar mecánico de Cartwright (1783), provoca una transformación renovadora de la industria siderúrgica y textil. Este crecimiento de la industria textil a su vez demanda el desarrollo de los tintes y acabados que abren el camino de la química industrial.
A partir de ahora se establece una creciente relación entre la tecnología y la ciencia, pero si al siglo pasado correspondió esencialmente la revolución de la mecánica, al siglo XVIII toca el cambio de paradigma en el ámbito de la química.
Si los químicos habían quedado un poco rezagados respecto de otras ciencias, como la física, no era porque fueran especialmente tontos o demasiado supersticiosos. Simplemente no disponían de las herramientas adecuadas para poder realizar sus investigaciones. En las otras ciencias no se requerían los instrumentos que necesitaban los químicos. La física, por ejemplo, se dedicaba al estudio de objetos que podían manipularse fácilmente, como esferas sobre un plano inclinado o un péndulo que oscilaba. Los químicos necesitaban, más que nada, una fuente de calor confiable y controlable y un instrumento para poder medir la temperatura en forma precisa. Deben imaginarse que si, en ese momento, la fuente de calor más utilizada era la fragua del herrero y que no era posible medir la temperatura, no puede pretenderse que las experiencias no fueran rústicas y elementales. Los químicos, incluso ya entrado el siglo XIX, debían recurrir a velas y lámparas de alcohol con varias mechas que pudieran prenderse en forma simultánea o individualmente para conseguir una fuente de calor controlable y realizar experimentos más complicados. Otros utilizaban espejos especiales para concentrar los rayos solares. En lo que se refiere a las mediciones precisas, el termómetro de alcohol fue inventado en 1709 y hubo que esperar hasta 1714 para el de mercurio, cuando Celsius desarrolló la escala de temperaturas que hoy lleva su nombre.
Todos estos factores permiten explicar por qué la química prácticamente no avanzó nada desde los experimentos de Robert Boyle, que alrededor de 1660 había sentado las bases para que la química pudiera convertirse en una ciencia. Las personas que realmente lograron que la química fuera una disciplina científica fueron los científicos de la época de la Revolución Industrial.